Letizia, el hastío y su móvil


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La reina Letizia saluda desde el Rolls Royce, el 12 de octubre de 2017. Imagen: RTVE

La reina llamada Letizia menea su manita izquierda como si saludara. Lo hace de manera maquinal, tic-tac, tic-tac, mientras con la manita derecha envía o recibe mensajes, sus ojos fijos en el teléfono móvil.

La reina llamada Letizia viaja a una velocidad mínima. El aparatoso vehículo avanza lo suficientemente lento como para que sus súbditos, que agolpados sacuden banderitas rojigualdas, alcancen a ver su manita izquierda, tic-tac. Y lo suficientemente lejos como para que esos mismos súbditos no puedan apreciar que, con su soberana manita derecha, la reina chatea.

El coche dentro del cual se desplaza la reina llamada Letizia es un Rolls Royce. Podría decirse que, a ella, sus súbditos le importan un soberano pimiento, lo mismo que la historia del Rolls que la conduce, encargado por un dictador, asesino como todos los dictadores, cruel como todos los dictadores, brutal como todos los dictadores. El mismo dictador que coronó al padre de su marido. O sea, el dictador por el que ella es reina y chatea camino de un palco.

La ausencia total de alegría en la cara de la reina llamada Letizia podría deberse al hastío que provocan en ella los actos oficiales, por los cuales recibe de esos mismos súbditos, entre otras menudencias, más de 130.000 euros anuales para ella sola. Personalmente. Para ella sola. Por el hastío que todo eso le provoca o quizás por otra clase de insatisfacción.

Bien podría ser –aunque de ello no se tiene noticia– que en la intimidad la reina sonría, sea lo que sea en palacio eso llamado intimidad. Sí, puede que, en alguno de esos momentos, a solas, sin súbditos ni palcos, sonría. Quién sabe si mirando la pantalla del teléfono móvil. Quizás entonces, en un gesto reflejo, se le mueva, tic-tac, la manita izquierda.

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Noticia de La Marea (Ver noticia original)


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